3 de abril de 2026

Cultura en paralelo. Un final de ciclo superlativo. Horacio Lavandera en el Palacio Libertad.

Excelente recital de cierre a cargo de Horacio Lavandera en el Palacio Sarmiento

Martha CORA ELISEHT

El 29 de marzo es el día 88 del año y por dicho motivo, se celebra el día internacional de piano en coincidencia con las 88 teclas de dicho instrumento. En esta ocasión, el Centro Cultural Palacio Domingo F. Sarmiento organizó diferentes conciertos y recitales a cargo de intérpretes de primer nivel dentro del marco del Festival “SUENAN LOS PIANOS 2026”, que tuvo lugar durante los días 27, 28 y 29 del corriente en diferentes dependencias del mencionado centro cultural (Plaza Seca, Salón de Honor, Auditorio Nacional y Sala Argentina), donde se interpretaron diferentes géneros musicales y todo tipo de repertorio (tango, folklore, rock, música de cámara, clásica y contemporánea). En todo festival, el concierto de cierre es el más importante y, por lo tanto, debía estar a cargo de un pianista de fama internacional: nada más ni nada menos que Horacio Lavandera, quien ofreció un recital en el Auditorio Nacional el pasado domingo 29 del corriente, integrado únicamente por obras de Johannes Brahms (1833-1897) que se detallan a continuación:

  • Sonata para piano n°3 en Fa menor, Op. 5
  • Variaciones y fuga sobre un tema de Händel, Op.24
  • Dieciséis valses, Op.39
  • Cuatro piezas para piano, Op.119

Al ingresar al escenario, el pianista recibió una ovación de aplausos y a su término, e dirigió al público provisto de un micrófono para anunciar las obras y realizar un breve comentario sobre la misma para que la audiencia pudiera entender el contexto en el cual fueron compuestas. Abrió el recital con una obra de juventud: la Sonata para piano n°3 en Fa menor, Op. 5, compuesta cuando sólo tenía 20 años en 1853 para lograr la aprobación de Robert Schumann, quien fuera su mentor y maestro. La última de sus tres sonatas para piano está dedicada a la condesa Ida von Hohenthal e integra el espíritu romántico libre con la estructura clásica, ya que era un gran admirador de Beethoven. Su duración aproximada es de 40 minuto y posee 5 movimientos en lugar de los 4 tradicionales: Allegro maestoso (Fa menor) / Andante espressivo (La bemol mayor) / Scherzo: Allegro energico con trio (Fa menor/ Re bemol mayor) / Intermezzo: Rückblick- Régard en arrière- Andante molto (Si bemol menor) y Finale: Allegro moderato ma rubato (Fa menor), donde hizo gala de su maestría, impecable técnica y una interpretación sumamente romántica, sutil y exquisita, donde Brahms ya muestra las características que identifican su música: solemne, marcial y romántica.

Las Variaciones y fuga sobre un tema de Händel, Op.24 fueron compuestas en 1861 como un regalo de cumpleaños para Clara Wieck Schumaann, quien las estrena durante ese mismo año en Hamburgo. Consta de un tema principal – el Aria de la 1° Suite en Si bemol mayor para clavecín HWV 434, compuesta por Händel en 1733-, 25 variaciones y una fuga a 4 voces. Para poder realizarlas, Brahms hizo un estudio cuidadoso de los modelos barrocos y de técnica del contrapunto. Por lo tanto, incluyó formas de la época como una siciliana, una musette, un canon y una fuga. Todas tienen la misma duración excepto la fuga, que es mucho más larga y proporciona el clímax de la obra en materia de complejidad y dinámica de contrapunto. En cuanto a su estructura, las variaciones en tónica mayor y menor alternan más o menos entre sí y las que están en legato son sucedida por las en staccato. Hay un control de intensidad a lo largo de la obra hasta alcanzar un pico entre las variaciones 13 a15 para posteriormente, lograr un clímax in crescendo a partir de la 23, que desemboca en la poderosa fuga a 4 voces cuyo tema deriva del comienzo del tema de Händel, pero magistralmente desarrollado desde el contrapunto. Una interpretación sublime y poderosa de tan compleja obra, donde el Auditorio Nacional se puso unánimemente de pie para aplaudir y vitorear al pianista luego de una versión memorable.

A continuación, Horacio Lavandera interpretó nada más ni nada menos que los Dieciséis valses, Op.39 en la versión difícil para piano solo, ya que también existe una versión fácil. Originalmente, fueron compuestas entre 1865 y 1866 para piano a 4 manos como un tributo al vals vienés. Posteriormente, Brahms escribe dos versiones para piano solo: una fácil, y una difícil, que es la que se ofreció en el presente recital. Laa duración de cada uno oscila entre 1 minuto y medio a 2 minutos y forman parte del repertorio de los pianistas más prestigiosos del mundo. No obstante, sólo se representan algunos en los recitales de piano; sobre todo, el Vals n°15 en La mayor (La bemol mayor en la versión difícil para piano solo y para dos pianos), que goza de inmensa popularidad y es uno de los favoritos del público. En este caso, Horacio Lavandera los tocó de manera completa, explorando la sutileza y los matices románticos típicos del compositor con suma precisión haciendo gala de su temperamento apasionado. El público deliró hacia el final, lo que le valió otra ovación de aplausos y vítores por parte de una audiencia que unánimemente se puso por segunda vez de pie esa noche.

Pero todavía faltaba algo más: una versión magistral y superlativa de las Cuatro piezas para piano (Klavierstücke), Op.119, que pertenecen a la última de las colecciones compuestas para piano en 1893 y que se estrenaron en 1894 en Londres. Las piezas son las siguientes: Intermezzo en Si menor, Intermezzo en Mi menor, Intermezzo en Do mayor Rapsodia en Mi bemol mayor. En el primer Intermezzo no se percibe una clara tonalidad al inicio -lo que brinda un carácter melancólico y placentero-, pero luego pasa a Mi menor para brindar armonías más consonantes, textura polifónica y ritmo de vals hasta culminar en la tonalidad inicial. El segundo Intermezzo presenta un carácter monotemático, aunque cada sección se transforma significativamente. La frase de 12 compases del tercer Intermezzo en Do mayor se divide en do secciones de 6 compases cada una, lo que actúa como una especie de ola rítmica que contrasta con la sección central, lo que aporta gracia y frescura, mientras que la Rapsodia final suena de forma mucho más elegante y mantiene frase de 5 compases durante 60 compases. Todas estas características se vieron reflejadas en la presente versión, donde Lavandera permaneció fiel a su estilo desde el principio hasta el final para cerrar un recital digno de uno de los mejores pianistas del mundo.

Esta edición de SUENAN LOS PIANOS contó con la presencia de numerosos intérpretes locales sumamente prestigiosos y tenía que cerrar con un final de lujo. En este caso, por un intérprete sumamente carismático y versátil, amado por el público local cuyas interpretaciones de Brahms fueron de carácter superlativo.    

Cultura en paralelo